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PLAZA DEL CASTILLO

F
Capitulo 1. CALLEJERO HISTÓRICO DE LOS PALACIOS Y VFCA.

Considerado el antiguo castillo de Almudeyne y los posteriores palacios de La Atalayuela que en él construyera Pedro I de Castilla como el embrión generador de nuestro pueblo, intentaremos relacionar las calles de Los Palacios siguiendo un movimiento expansivo que tenga como imaginario epicentro la primitiva atalaya árabe. Así, a las puertas mismas del castillo nos encontramos con una especie de explanada o ensanche del terreno, con planta de trapecio, tan irregular en su contorno como en su topografía, que de siempre se ha conocido como LA PLAZA DEL CASTILLO.

Con dos zonas perfectamente definidas, que confluyen en declive en un corredor central que la cruza diagonalmente en forma de cuesta considerablemente empinada, siempre fue éste lugar pedregoso y árido, que ni siquiera mereció del vecindario el apelativo de plaza, siendo común en los documentos de nuestro pasado el de PLAZUELA DEL CASTILLO.

No es momento ni lugar para hablar del castillo que dio nombre a este sitio, pero si hemos de dejar constancia de que a través de la plaza se accedía a su puerta principal, por lo que el lugar debió ser de tránsito y concentración de tropas durante siglos.

Posteriormente, tras la desaparición del castillo como tal casa fuerte y la construcción en su solar de la que el pueblo vino a llamar "la casa grade" a mediados del siglo pasado, -obra que realizó D. Francisco Murube Álvarez-, se acometió el primer intento serio de adecentamiento urbanístico de la plaza.

Consistió éste en la construcción de unos acerados. En toda la antigua fachada del castillo - casa grande y casa vieja- con la colaboración de enormes losas de piedra de tonos grises y azulados, semejantes a aquellas otras de la calle Real de las que Joaquín Romero Murube dijera que eran del tiempo de los moros; en el resto del perímetro de la plaza con unas elevadas aceras de ladrillo a las que se subía por medio de algunas escalinatas dispuestas en lugares estratéticos y que sirvieron para que el pueblo bautizara el rincón con un nuevo nombre: LOS POYETES.

Después, ya en tiempos más ceranos a nosotros, la plaza fue rotulada con el nombre de PLAZA DE MIGUEL MURUBE, en honor de uno de los palaciegos más ilustres que dio el siglo XIX, Ingeniero de Montes y Camino y Diputado de Cortes.

A la PLAZUELA DEL CASTILLO le cupo el honor de figurar en el mundo de las letras como improvisado coso taurino, ya que Juan Vélez de Guevara sitúa el segundo acto de su comedia "El Mancebón de Los Palacios" en esta plaza, en la que los Duques de Arcos disponen la celebración de una corrida de toros para agasajar al mismísimo Rey de Castilla que era su distinguido huésped.

Toros de Ronda han traído,

tan ligeros y feroces,

que parecen que veloces

rayos por yerba han pacido.

Felipe Cortínez Murube, poeta modernista, autor de varios libros, tales como "De Andalucía", "Rimas", "Nuevas Rimas", "Romances del Camino" y, sobre todo, "El Poemas de los Toros", ha sido uno de los más insignes personajes residente de esta plaza, ya en los primeros años de nuestro siglo. Aunque Felipe Cortines nació en una casa de la calle Real, vivió la mayor parte de sus años de vecindad en Los Palacios en la ya repetida "casa grande" y así lo recuerda de forma permanente un plaza de cerámina que el Ateneo de Los Palacios hizo colocar en la fechada de la misma en el año 1983, como motivo del centenario del nacimiento del poeta.

Actualmente la PLAZA DEL CASTILLO ofrece a los viandantes un aspecto bastante reconfortante a la vista. con zonas ajardinadas y abundante arboleda, constituye uno de los rincones más placenteros de nuestro casco urbano, en el que los recuerdos históricos se funden con los más modernos sentimientos poéticos, provocando un hálito especial de embrujo atrayente que nos invade sin que apenas nos demos cuenta de ello.

Una sencilla escultura que pretende rendir homenaje a nuestras mujeres y una bella cruz de cerrajería, de entrañable recuerdo para el que escribe, completan el entorno.

Antonio Cruzado González